
Terrífica estampa de la Edad Media, en la que la peste asola una región y un caballero que regresa asqueado de las Cruzadas se ve obligado a jugar una partida de ajedrez con la muerte que le reclama.
En cuanto fuerza de la imagen y expresionismo, es un maestro Ingmar Bergman, jugando con los claroscuros, la luz; y manejando la composición fotográfica con gran estilo personal.
La historia en sí misma es muy elemental. El caballero Antonius Blovk (Max von Sydow) y su escudero Jöns (Gunnar Björnstrand) regresan a su país, Suecia, atormentado y lleno de dudas sobre su fe, tras diez años de luchar en unas Cruzadas que no le han traído más que penas y que critica duramente. Al llegar se encuentra con la muerte que viene a reclamar su vida, y Antonius la reta para escaparse a una partida de ajedrez, que se irá desarrollando en diversas etapas hasta el final de la película. Para colmo de males, todo a su alrededor es muerte, pues la peste asola la región. Hará alto en un pueblo, se adentrará en el bosque -donde terminará su partida- y llegará a su castillo para juntarse con su esposa. Pero la peste ya ha llegado hasta allá. Ocurre la escena final (que no cuento aquí) y se acaba la historia.
Como se ve, el tono de la película es especialmente pesimista y crítico, como el espíritu del director, que es lo que nos transmite en esta película. La imagen de la Edad Media es estereotipada y oscura: campesinos salvajes que viven aterrados por los misterios de una fe que asumen de forma irracional y supersticiosa; procesiones de flagelados tan ridículos que parecerían payasos si no fuera por lo siniestro; y unos religiosos sádicos que gritan y aterran a las multitudes. Todo es muerte, decadencia, engaño y protesta a un Dios del que se duda que existe al permitir un mundo tan desastroso.
La trama principal se entremezcla con pequeñas historietas de otros personajes secundarios que se juntan a la expedición del protagonista para atravesar un bosque y dan una nota simpática y de humor: la pareja de comediantes con su bebé; el escudero de Antonius, hombre irónico y de gran carácter, posiblemente la mejor actuación de la película; el tercer comediante, hombre frívolo y algo cómico; y el campesino torpe y bonachón que sufre los engaños de su esposa.
Es, para mí, una película de época (aunque mal retratada), costumbrista, que se recrea en mostrarnos un ambiente y, dentro de él, las dudas y batallas psicológicas del protagonista. Por eso la acción es mínima y aburrirá a todo aquel que busque una historia con su desarrollo y desenlace.